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El paradigma de industria taylorista

industria taylorista

La industria taylorista, nacida a principios del siglo XX, revolucionó la organización industrial. Este artículo explica con detalle su funcionamiento y origen, así como sus ventajas.

La industria taylorista: razón de ser y desarrollo histórico

El ingeniero estadounidense Frederik W. Taylor publicó en 1911 su obra seminal, Principles of Scientific Management. La principal tesis versa sobre el tiempo que se perdía por no realizar los movimientos adecuados con la maquinaria y no aprovechar al máximo sus posibilidades. 

Las principales bases de sus tesis, vigentes hoy en día en gran medida, eran las siguientes:

1. Especialización funcional

El modelo de fábrica donde todos hacen de todo tenía que desaparecer. Básicamente, porque acababa siendo sumamente ineficiente. David Ricardo ya había dado claves de la especialización productiva, pero había que desarrollarlo. Y esto suponía, en primer lugar, dejar bien claras las jerarquías, sí, pero también las funciones de cada quien.

Si la cadena de mando funcionaba correctamente, esto evitaría malos entendidos y redundaría en la eficiencia. La existencia de la tecnoestructura, a la que años después se refirió John Kenneth Galbraiht, tenía mucho que ver con la creciente complejidad de las empresas.

2. Ejecución de tareas repetitivas

Taylor se dedicó a medir con un cronómetro cuánto se tardaba en realizar una acción en una cadena de producción. La idea era conseguir que cada obrero se encargase solo de una parte del proceso. Esto, evidentemente, implicaba repetición de tareas y optimización de los movimientos.

Por regla general, si nos tenemos que dedicar solo a una cosa, nos resulta más fácil dar más de sí. Este principio se empezó a aplicar en masa en las fábricas.

3. Retribución según rendimiento

La retribución según el rendimiento era una forma de incentivar la productividad. Al obrero que conseguía producir por encima de la media en una unidad de tiempo determinada, se le daba un plus. El resultado era que aquellos trabajadores competentes tenían un motivo para hacer mejor su trabajo.

Esta política favoreció que la productividad de las fábricas aumentase con los mismos medios. Pagar un poco más resultaba rentable.

Este sistema tuvo como elemento positivo un aumento exponencial de la productividad. Y eso, en consecuencia, trajo un abaratamiento de los bienes de consumo y de la industria pesada. Grandes fabricantes de automóviles, como Ford pudieron, gracias a estas premisas, popularizar el uso del utilitario. Es difícil entender la extensión de la clase media estadounidense sin tener en cuenta esta circunstancia.

El principal problema del taylorismo es que está concebido para la producción en masa. Este modelo empezó a tener problemas a partir de la Segunda Guerra Mundial y, hoy en día, es minoritario. En tiempos de la Inteligencia Artificial, la cantidad deja paso a la calidad y al valor añadido, también en la industria.

Conclusión

La industria taylorista supuso el primer soplo fresco en la organización industrial. Aunque hoy se hayan impuesto otras lógicas, no ha de extrañar que en ciertos sectores se sigan aplicando estos métodos. ¿Buscas una máquina para tu cadena de producción? En Maquiclick encontrarás un directorio de fabricantes.

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